La vida de un mojado

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Vivir en Estados Unidos como un mojado siempre ha sido muy difícil, pero se ha complicado aún más con la llegada a la presidencia de Donald Trump. Aunque yo soy ciudadanos norteamericano, mis padres cruzaron la frontera de manera ilegal y eso mantiene en tu espalda el cartel que dice ‘MOJADO’. Pero eso no ha impedido que luche por sobresalir, en cada escuela a la que he asistido he sido de los mejores, lo que provoca los celos de muchas personas. Pero fue cuando ya era más grande que me enfrente a un reto sumamente complicado.

Tenía en mente salirme de casa de mis padres cuando logré obtener un buen trabajo, así que comencé a buscar una casa en San Diego, California, así que entré al buscador de mi computadora y tecleé ‘houses for sale in Chula Vista’, lugar que me recomendaron por su tranquilidad y construcciones hermosas, además de que hace honor a su nombre, tiene unas vistas increíbles. Una de las páginas que encontré decía “you are in the right place, we can sell you your dream house. If you are mexican, we have a Hood with all your fellas, with beautiful houses and really low prices”. Llamó mi atención por el hecho de que quizá había un vecindario con varias familias mexicanas, de clase media o alta y con todas las comodidades que merecen pese a estar en un país que no es el suyo y con un presidente racista. Así que los contacté y quedamos en un encuentro para platicar sobre las casas.

Me encontré con dos hombres en un restaurante cerca del Chula Vista, llegaron vestidos con trajes negros, corbata del mismo color y playera blanca, parecían muchas cosas menos vendedores. Decidí no darle mucha importancia y comencé a escucharlos. Me explicaron las facilidades de pagos que brindaban, me mostraron fotografías de los inmuebles y sus alrededores, así como las majestuosas vistas. Estaba convencido de que ahí quería vivir, por lo que les dije que me permitieran hacer cuentas y después nos volveríamos a ver.

Nos volvimos a encontrar para cerrar el negocio, días antes les había confirmado la casa que me interesaba para que realizáramos la transacción ahí, mientras la veía. Accedieron y quedamos a una hora ya muy noche, a las nueve. Ya estaba muy oscuro y las calles apenas estaban alumbradas por postes de luz con muy poca intensidad. Cuando estaba a una cuadra de arribar, uno de los hombres me llamó y me hizo una pregunta muy extraña: “Are you alone?”. Les dije que sí, que iba solo y les cuestione su interés en si venía con alguien. Sólo respondieron que por seguridad, para saber a cuántos verían. Aun así llegué a la cita donde ya me estaban esperando y noté que el barrio no era como me lo habían mostrado. De pronto todo se fue a negro.

Me desperté con un fuerte dolor en la cabeza, me habían golpeado. Comencé a esculcarme los bolsillos y descubrí que me habían robado el celular, la cartera y el cheque con el que les iba a pagar el primer depósito. Ellos sólo me dejaron una carta que decía que me regresara a mi país, que este no era lugar para los mojados.

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