No quiero llegar a viejo

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Soy estudiante de medicina y como trabajo de final de semestre me dejaron hacer, junto a mi equipo, una propuesta sobre nuevas tendencias de recuperación del pie diabético. Mientras algunos realizaban su investigación a través de libros y enciclopedia, yo decidí meterme a internet y googlear ‘tratamiento pie diabético’, pero no con la intención de encontrar soluciones, sino de toparme con testimonios de gente que ha llevado cierto tipo de tratamiento y su postura ante éste.

En uno de los blogs de una página sobre enfermedades, o algo por el estilo, me topé con los comentarios de algunas personas que se expresaban de una forma terrorífica de la gente mayor, sean sus pacientes, abuelos o padres. Preguntaban cómo hacerle para callar las quejas de la persona de la tercera edad, cómo obligarlos para que acepten quedarse en una casa para viejitos, qué se necesita para que un abuelo sea internado en un hospital y ahí se quede, entre muchas otras atrocidades. Yo no daba crédito a lo que leía, sentía demasiada tristeza y miedo. Sí, miedo. Miedo a crecer y ser un viejo del que todos se quieren deshacer.

La sociedad actual ya no tiene ningún respeto por la gente de la tercera edad, cuando antes tener un cabello lleno de canas significaba experiencia y sabiduría, por lo que seguían al pie de la letra los consejos de los ancianos. Ahora sólo los humillan. Vemos gente gritarle a sus padres o abuelos en la calle, incluso algunos los jalonean en frente de todos y, lo peor, nadie hace nada, nadie los defiende, no nos atrevemos. Permitimos que haya gente que golpea a nuestros viejitos, cuando esas personas son contratadas para ser quien cuide la integridad física de los ancianos. Esos videos son expuestos en YouTube y si llegan a la televisión, crean un enojo multitudinario y ahí es cuando las autoridades actúan, pero pónganse a pensar en todas aquellas personas que no son vistas ni escuchadas, que cuando hablan las callan a golpes, o cosas peores.

No quiero ser una persona de la tercera edad porque en el transporte público ya nadie quiere cederles el asiento, no importa si hay una calcomanía de asiento reservado y con la imagen de un anciano, ahora la gente hace como si estuviera dormida, medio abre un ojo para ver si el anciano ya se alejó, para así no ceder su asiento, en el que tan cómodos van.

Me da terror ser anciano al ver cómo los atienden en los hospitales públicos, y peor les va a los que acuden a su cita solos. Los menosprecian, como dándoles a entender que están más cerca del más allá que del presente. Algunos médicos hacen como si los revisaran de verdad, pero no tardan más de 10 minutos cuando ya los están despidiendo en la puerta, les dan unas disque pastillas para sus malestares y los regresan a su triste realidad. Ojalá la vida me lleve antes de ser anciano o me rodee de gente a la que le importe, porque la sociedad me ha demostrado que ser viejo es lo peor que te podría pasar.

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